Existen realmente los zombies?

Un zombi se arrastra por el bosque. Cuando llega a un buen punto, se congela en su lugar. Un tallo crece lentamente de su cabeza. El tallo entonces escupe esporas que se propagan, convirtiendo a otros en zombis.

Esta no es una historia de Halloween sobre el apocalipsis zombie. Todo es verdad. Pero el zombie no es humano. Es una hormiga. Y el tallo que emerge de su cabeza es un hongo. Sus esporas infectan a otras hormigas, lo que permite que el ciclo zombi comience de nuevo.

Para crecer y propagarse, este hongo debe secuestrar el cerebro de una hormiga. Por extra√Īo que esto pueda parecer, no es tan inusual. El mundo natural est√° lleno de zombis bajo control mental. Las ara√Īas zombis y las cucarachas cuidan de las larvas de las avispas en desarrollo hasta que los beb√©s las devoran. Los peces zombis dan vueltas y se lanzan hacia la superficie del agua, pareciendo rogar a los p√°jaros que se los coman. Grillos zombis, escarabajos y mantis religiosas se ahogan en el agua. Las ratas zombis se sienten atra√≠das por el olor a orina de los gatos que pueden devorarlas.

Todos estos “zombis” tienen una cosa en com√ļn: los par√°sitos. Un par√°sito vive dentro o sobre otra criatura, conocida como su hu√©sped. Un par√°sito puede ser un hongo, un gusano u otra criatura diminuta. Todos los par√°sitos eventualmente debilitan o enferman a sus hu√©spedes. A veces, el par√°sito mata o incluso se come a su hu√©sped. Pero la muerte del anfitri√≥n no es la meta m√°s rara. Un par√°sito puede hacer que su hu√©sped muera en cierto lugar, o puede ser devorado por cierta criatura. Para lograr estos trucos, algunos par√°sitos han desarrollado la habilidad de hackear el cerebro del hu√©sped e influenciar su comportamiento de maneras muy espec√≠ficas.

¬ŅC√≥mo es que los par√°sitos convierten a los insectos y otros animales en casi muertos ambulantes?

Cada par√°sito tiene su propio m√©todo, pero el proceso usualmente involucra alterar qu√≠micos dentro del cerebro de la v√≠ctima. Los investigadores est√°n trabajando arduamente para identificar qu√© sustancias qu√≠micas est√°n involucradas y c√≥mo terminan alterando tan extra√Īamente el comportamiento de su hu√©sped.

¬°Cerebros, cerebros! ¬°Cerebros de hormiga!

Un hongo no tiene cerebro. Y los gusanos y las criaturas unicelulares obviamente no son muy inteligentes. Sin embargo, de alguna manera todavía controlan los cerebros de animales más grandes e inteligentes.

“Me vuela la cabeza”, dice Kelly Weinersmith. Ella es una bi√≥loga que estudia par√°sitos en la Universidad de Rice en Houston, Texas. Est√° particularmente interesada en las criaturas “zombis”. Los verdaderos zombis, se√Īala, no son exactamente del tipo que se encuentra en las historias de terror. “De ninguna manera estos animales est√°n regresando de la muerte”, dice. La mayor√≠a de los zombis reales est√°n condenados a morir, y algunos tienen muy poco control sobre sus acciones.

El gusano de crin, por ejemplo, necesita emerger en el agua. Para que esto ocurra, obliga a su huésped insecto a saltar a un lago o a una piscina. A menudo, el huésped se ahoga.

Toxoplasma gondii (TOX-oh-PLAZ-ma GON-dee-eye) es una criatura unicelular que sólo puede completar su ciclo de vida dentro de un gato. Pero primero, este parásito debe vivir por un tiempo en un animal diferente, como una rata. Para asegurar que este huésped a tiempo parcial sea devorado por un gato, el parásito convierte a las ratas en zombis amantes de los gatos.

En Tailandia, una especie de hongo -Ophiocordyceps- puede forzar a una hormiga a trepar casi exactamente 20 centímetros (unas 8 pulgadas) por una planta, a mirar hacia el norte y luego a morder una hoja. Y hace que la hormiga haga esto cuando el sol está en su punto más alto en el cielo. Esto proporciona las condiciones ideales para que el hongo crezca y libere sus esporas.

La bióloga Charissa de Bekker quiere entender mejor cómo ese hongo ejerce ese control mental sobre las hormigas. Así que ella y su equipo han estado estudiando una especie relacionada con el hongo Ophiocordyceps en Tailandia. Este primo estadounidense es un hongo nativo de Carolina del Sur. También obliga a las hormigas a dejar sus colonias y escalar. Estas hormigas, sin embargo, muerden las ramitas en lugar de las hojas. Esto se debe probablemente al hecho de que los árboles y las plantas en este estado pierden sus hojas en el invierno.

De Bekker comenzó estos estudios en la Universidad Estatal de Pensilvania en University Park. Allí, su equipo infectó a algunas especies de hormigas con el hongo de Carolina del Sur. El parásito podría matar a todas las hormigas que ella le introdujo. Pero el hongo convirtió a los zombis trepadores en plantas sólo de las especies que infecta naturalmente en la naturaleza.

Para averiguar qu√© estaba pasando, el equipo de De Bekker recolect√≥ hormigas nuevas no infectadas de cada especie. Luego, los investigadores extirparon los cerebros de los insectos. “Usas f√≥rceps y un microscopio”, dice. “Es como ese juego Operaci√≥n”.

El gusano de crin, por ejemplo, necesita emerger en el agua. Para que esto ocurra, obliga a su huésped insecto a saltar a un lago o a una piscina. A menudo, el huésped se ahoga.

Toxoplasma gondii (TOX-oh-PLAZ-ma GON-dee-eye) es una criatura unicelular que sólo puede completar su ciclo de vida dentro de un gato. Pero primero, este parásito debe vivir por un tiempo en un animal diferente, como una rata. Para asegurar que este huésped a tiempo parcial sea devorado por un gato, el parásito convierte a las ratas en zombis amantes de los gatos.

En Tailandia, una especie de hongo -Ophiocordyceps- puede forzar a una hormiga a trepar casi exactamente 20 centímetros (unas 8 pulgadas) por una planta, a mirar hacia el norte y luego a morder una hoja. Y hace que la hormiga haga esto cuando el sol está en su punto más alto en el cielo. Esto proporciona las condiciones ideales para que el hongo crezca y libere sus esporas.

La bióloga Charissa de Bekker quiere entender mejor cómo ese hongo ejerce ese control mental sobre las hormigas. Así que ella y su equipo han estado estudiando una especie relacionada con el hongo Ophiocordyceps en Tailandia. Este primo estadounidense es un hongo nativo de Carolina del Sur. También obliga a las hormigas a dejar sus colonias y escalar. Estas hormigas, sin embargo, muerden las ramitas en lugar de las hojas. Esto se debe probablemente al hecho de que los árboles y las plantas en este estado pierden sus hojas en el invierno.

De Bekker comenzó estos estudios en la Universidad Estatal de Pensilvania en University Park. Allí, su equipo infectó a algunas especies de hormigas con el hongo de Carolina del Sur. El parásito podría matar a todas las hormigas que ella le introdujo. Pero el hongo convirtió a los zombis trepadores en plantas sólo de las especies que infecta naturalmente en la naturaleza.

Para averiguar qu√© estaba pasando, el equipo de De Bekker recolect√≥ hormigas nuevas no infectadas de cada especie. Luego, los investigadores extirparon los cerebros de los insectos. “Usas f√≥rceps y un microscopio”, dice. “Es como ese juego Operaci√≥n”.

Los investigadores mantuvieron vivos los cerebros de las hormigas en peque√Īas placas de Petri. Cuando el hongo fue expuesto a sus cerebros favoritos (es decir, los de las hormigas que infecta naturalmente en la naturaleza), liber√≥ miles de sustancias qu√≠micas. Muchos de estos productos qu√≠micos eran completamente nuevos para la ciencia. El hongo tambi√©n liberaba sustancias qu√≠micas cuando se expon√≠a a cerebros desconocidos. Estos productos qu√≠micos, sin embargo, eran completamente diferentes. Los investigadores publicaron sus resultados en 2014.

Los experimentos realizados en Penn State por el equipo de de Bekker fueron los primeros en crear hormigas zombis en el laboratorio. Y los investigadores sólo tuvieron éxito después de establecer ciclos artificiales de 24 horas de luz y oscuridad para los zombis y sus parásitos.

Llevará más trabajo aprender cómo los químicos del parásito conducen al comportamiento zombi en las hormigas.

Avispas chupadoras de almas

De todos los par√°sitos, las avispas conocen algunos de los trucos m√°s espeluznantes. Una avispa, Reclinervellus nielseni, pone sus huevos s√≥lo en ara√Īas tejedoras de orbes. Cuando una larva de avispa eclosiona, lentamente sorbe la sangre de su hu√©sped. La ara√Īa se mantiene viva lo suficiente como para tejer una telara√Īa. Pero no cualquier red. Hace girar una especie de guarder√≠a para el beb√© de avispa retorcida, parecida a un gusano, pegado a su espalda.

La ara√Īa incluso romper√° su vieja telara√Īa para comenzar una nueva para la larva, explica Keizo Takasuka. Estudia comportamiento de insectos y ecolog√≠a en la Universidad de Kobe en Jap√≥n. Cuando la telara√Īa est√° terminada, la larva se come a su hu√©sped ara√Īa.

Ahora la larva hace girar un capullo en medio de la telara√Īa. Lo m√°s probable es que los hilos extra fuertes ayuden a la larva a mantenerse segura hasta que salga de su capullo 10 d√≠as despu√©s.

La avispa joya pone un insecto en el men√ļ que sirve a sus cr√≠as: la cucaracha. Pero antes de que una larva de avispa pueda masticar, su madre necesita atrapar un insecto que sea el doble de grande que ella. Para ello, dice Frederic Libersat, “ella transforma la cucaracha en zombi”. Libersat es un neurobi√≥logo que estudia c√≥mo el cerebro controla el comportamiento. Trabaja en la Universidad Ben Gurion en Beer-Sheva, Israel.

La picadura de la avispa joya le quita a la cucaracha la capacidad de moverse por sí misma. Pero sigue como un perro con correa cuando la avispa tira de su antena. La avispa lleva a la cucaracha a su nido y pone un huevo en él. Luego se va, sellando el huevo dentro del nido con su cena. Cuando el huevo eclosiona, la larva devora lentamente a su huésped. Siendo un zombi, esta cucaracha nunca intenta defenderse ni escapar.

Este escenario es tan espeluznante que los bi√≥logos bautizaron a una avispa similar como dementor Ampulex, en honor a un enemigo sobrenatural de la serie de Harry Potter. En estos libros, los dementores pueden devorar la mente de la gente. Esto deja a la v√≠ctima viva pero sin un yo o alma. (Aunque A. dementor es un pariente cercano de la avispa joya, Libersat se√Īala que los investigadores a√ļn no han confirmado que tambi√©n convierte a las cucarachas o a cualquier otro insecto en esclavos sin sentido).

El grupo de Libersat ha centrado su investigación en averiguar lo que la avispa joya le hace a la mente de la cucaracha. La avispa joya madre realiza algo como una cirugía cerebral. Usa su aguijón para palpar la parte derecha del cerebro de la víctima. Una vez encontrada, inyecta un veneno zombificante.

Cuando Libersat quitaba las partes del cerebro de una cucaracha, la avispa se sent√≠a alrededor de lo que quedaba del cerebro de la cucaracha con su aguij√≥n durante 10 a 15 minutos. “Si el cerebro estuviera presente,[la avispa] tardar√≠a menos de un minuto”, se√Īala. Esto demuestra que la avispa puede sentir el lugar correcto para inyectar su veneno.

Ese veneno podría interferir con un químico en el cerebro de la cucaracha llamado octopamina, informa Libersat. Este producto químico ayuda a la cucaracha a mantenerse alerta, caminar y realizar otras tareas. Cuando los investigadores inyectaron una sustancia similar a la pulpamina en las cucarachas zombis, los insectos comenzaron a caminar de nuevo.

Libersat advierte, sin embargo, que esto es probablemente s√≥lo una pieza del rompecabezas. Todav√≠a hay trabajo por hacer para entender el proceso qu√≠mico que ocurre en el cerebro de la cucaracha, dice. Pero Weinersmith, que no particip√≥ en la investigaci√≥n, se√Īala que el equipo de Libersat ha elaborado este proceso qu√≠mico con m√°s detalle que el disponible para la mayor√≠a de los tipos de control mental zombi.

Gusanos cerebrales

La especialidad de Weinersmith es el pescado zombi. Ella estudia los killifish de California infectados con un gusano llamado Euhaplorchis californiensis (YU-ha-PLOR-kis CAL-ih-for-nee-EN-sis). Un solo pez puede tener miles de estos gusanos viviendo en la superficie de su cerebro. Cuanto m√°s gusano tenga el cerebro, m√°s probable es que el pez se comporte de forma extra√Īa.

“Los llamamos peces zombis”, dice, pero admite que se parecen menos a los zombis que las hormigas, las ara√Īas o las cucarachas. Un pez infectado seguir√° comiendo normalmente y permanecer√° en un grupo con sus amigos. Pero tambi√©n tiende a lanzarse hacia la superficie, torcer su cuerpo o frotarse contra las rocas. Todas estas acciones hacen que sea m√°s f√°cil para las aves ver los peces. De hecho, es casi como si el pez infectado quisiera ser comido.

Y ese es precisamente el punto, dice Weinersmith, para el gusano. Este parásito sólo puede reproducirse dentro de un pájaro. Así que altera el comportamiento de los peces de una manera que atrae a las aves. Los peces infectados tienen entre 10 y 30 veces más probabilidades de ser consumidos. Eso es lo que descubrieron los colegas de Weinersmith, Kevin Lafferty, de la Universidad de California en Santa Bárbara, y Kimo Morris, del Colegio de Santa Ana en California.

larva cerebarl

Weinersmith trabaja actualmente con √ėyvind √ėverli en la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida, en As. Est√°n estudiando los procesos qu√≠micos que hay detr√°s del comportamiento de los peces zombis en su b√ļsqueda de aves. Hasta ahora, parece que los peces zombis pueden estar menos estresados que sus primos normales. Los investigadores saben qu√© cambios qu√≠micos deber√≠an ocurrirle al cerebro de un killifish cuando algo, como la visi√≥n de un p√°jaro merodeando, lo estresa. Pero en el cerebro de un pez zombi, estos cambios qu√≠micos no parecen ocurrir.

Es como si el pez se fijara en el ave de caza pero no se asustara como deber√≠a. “Necesitamos hacer m√°s estudios para confirmar que esto es cierto”, dice Weinersmith. Su grupo planea analizar las sustancias qu√≠micas en los cerebros de los peces infectados y luego tratar de recrear el efecto zombi en peces normales.

El √©xito no ser√° f√°cil. El control mental de los zombis es un asunto complicado. Los par√°sitos han desarrollado su control del cerebro de otras criaturas durante millones de a√Īos de evoluci√≥n.

Pero los cient√≠ficos est√°n empezando a ponerse al d√≠a. “Ahora podemos preguntar[a los par√°sitos] qu√© han aprendido”, bromea Weinersmith.

Los cerebros de las hormigas pueden ser mucho más simples que los cerebros humanos, pero la química que hay dentro de ellos no es tan diferente. Descubrir los secretos del control mental de los zombis en los bichos podría ayudar a los neurocientíficos a comprender mejor los vínculos entre el cerebro y el comportamiento de las personas.

Norlmalmente, este trabajo podría conducir a nuevos medicamentos o terapias para el cerebro humano. ¡Sólo tenemos que esperar que un científico loco no salga y empiece a hacer zombis humanos!